lunes, 1 de noviembre de 2010

Deficiencia de elementos minerales y dosis

Para saber que elemento se encuentra en deficiencia y poder elegir el abono más conveniente y la dosis a incorporar, es necesario conocer los antecedentes del lote, la fertilidad potencial de la "capa arable" (análisis químico) y el cultivo que se quiera sembrar.

El abono o fertilizante, para que sea eficientemente utilizado debe encontrarse localizado en una zona cercana a las raíces, para que sea absorbido por la planta cuando lo requiera sin tener que gastar mucha energía. El tipo de maquinaria utilizada en la aplicación del fertilizante dependerá principalmente del cultivo, del sitio donde se quiera agregar el producto (cobertura total o localizado) y de la presentación comercial si es líquida o sólida (polvo o granulado). El momento adecuado de aplicación depende de la rapidez del producto en disolverse, para que quede a disposición de las plantas y sea absorbido fácilmente por las raíces.

La investigación y la experimentación tienen logros continuos, por ello se debe consultar a los profesionales especializados para lograr aplicar los mejores conocimientos para una producción y desarrollo sostenido.

¿Para qué realizar un análisis de suelos?

• Definir la estrategia de un cultivo.
• Controlar las variaciones de la calidad del suelo en el tiempo.
• Caracterización general de un lote, por ejemplo para decidir la compra de un campo.
• Evaluar los efectos de distintas secuencias de cultivo.
• Evaluar problemáticas específicas: acidez, alcalinidad, salinidad, sodicidad, toxicidad.

Como tomar una muestra de suelo

Al tomar correctamente la muestra se evitan los errores de interpretación. Para ello, se requiere preparar una muestra compuesta de aproximadamente 15 a 20 submuestras extraídas de partes homogéneas del lote. Si el lote presenta un relieve irregular, realizar el muestreo en el sector de loma, media loma y bajo, resultando de ello tres muestras compuestas. Dada la heterogeneidad del suelo, aún en lotes de relieve muy uniforme pueden observarse valores variables de algunos nutrientes. Esto se ve más acentuado en el contenido fósforo, más adelante en el punto fósforo asimilable se discutirá este problema.

En todos los casos el muestreo debe realizarse a una distancia aproximada de 50-60 metros de alambrados, aguadas y árboles. Teniendo en cuenta que la capa arable puede ser de distinto espesor, se recomienda tomar muestras siempre a la misma profundidad, por ejemplo 0-15 o 0-20 cm. Es decir, si usted realiza el muestreo a 0-20 cm debería muestrear siempre a la misma profundidad para comparar los datos a lo largo del tiempo.

Cuando tomar las muestras
Si se desea:
• detectar problemas: en cualquier momento. Hay que planificar la extracción de muestras y no esperar el momento previo a las siembras.
• Para fertilizar: el momento de muestreo depende del nutriente a considerar. Por ejemplo, para determinación de nitratos, 15 días antes de la siembra o
Parámetros edáficos a evaluar

Se pueden dividir en:
• Estables: Textura, profundidad, capacidad de retención de agua (CRA), capacidad de intercambio catiónico (CIC).
• Moderadamente estables: materia orgánica (MO), P, pH, PSB, estabilidad estructural, susceptibilidad a la compactación.
• Dinámicos: nitratos, sulfatos, contenido de agua útil, resistencia a la compactación.

Interpretación de los resultados

Nitrógeno orgánico (Kieldahl): Los valores se expresan en % de suelo seco. Por ejemplo 0,09 % significa que por cada 100 kg de suelo seco hay 90 g de nitrógeno orgánico. Tanto para nitrógeno orgánico como para MO los niveles están muy relacionados con la textura. Suelos con textura gruesa (arenosos) tienen menores valores para ambas características. De todos modos, hay un rango de valores que nos permiten orientar sobre la fertilidad de los suelos. Si consideramos la capa arable (los primeros 20 cm de suelo)

Nitratos: Es una de las formas más importantes de captar nitrógeno por las plantas. El contenido de nitratos de los suelos es variable y depende de varios factores como temperatura, humedad del suelo, estado vegetativo del cultivo, manejo del suelo, etc. Por ello, es importante saber cuándo y para qué queremos conocer el nivel de nitratos del suelo. En general los Laboratorios expresan los valores de Nitratos en parte por millón (ppm). En la mayoría los casos, se determinan nitratos antes o a la siembra de un cultivo, para establecer el nivel disponible después de un barbecho, que varía de acuerdo al manejo y a los distintos antecesores. Es útil también en siembra directa (SD) para hacer ajustes por medio de fertilizantes. En líneas generales, valores menores a 20-22 ppm de nitratos en la capa superficial del suelo (0 a 15 ó 0 a 20 cm) son considerados bajos y se recomienda fertilizar. Muchos métodos de diagnóstico y recomendación para distintos cultivos usan kg ha-1 de nitrógeno de nitratos en el estrato 0-60 cm de profundidad para estimar los requerimientos de fertilizante. Sin embargo, en la práctica el muestreo hasta esa profundidad no suele realizarse por limitaciones de tiempo y esfuerzo a utilizar. El contenido de nitrógeno de nitratos es en promedio 2.4 veces mayor en el estrato de 0-60 cm que en el de 0-20 cm. El modelo ajustado puede usarse como una herramienta en la estimación del contenido de nitrógeno en profundidad de los suelos de está región, contando solo con el dato de nitratos de 0 a 20 cm.

pH: El rango óptimo de pH para el desarrollo de los cultivos va de 6,5 a 7,5. En nuestra región podemos encontrar en general estos valores. Sin embargo, por procesos de acidificación o alcalinización, pueden observarse suelos con valores de 5 a 5,5 o de 8 a 8,8 de pH en la capa superficial.

Conductividad eléctrica: Estos valores son orientativos y deben complementarse con determinaciones de profundidad de la napa freática, sistemas de labranza, etc. A continuación se indican los cultivos posibles según su sensibilidad de los vegetales a la salinidad, medida en extracto de saturación a 25ºC Se expresa como dS/m (deci Siemens por m), unidad que reemplaza a mmOhms/cm, utilizada anteriormente.

Materia Orgánica: Para los primeros 20 cm de suelo, los valores considerados bajos a altos cambian según la zona. Por otro lado, es indistinto hablar de carbono del humus o MO humificada siendo solo necesario aplicar un coeficiente de 1.72 para trasformar la cantidad de uno en la del otro

Fósforo asimilable: Los valores se expresan en ppm, lo que indica mg de P asimilable por Kg de suelo seco. El rango aproximado de valores en el suelo para detectar deficiencias en las plantas, recomendado en la bibliografía internacional es el siguiente: Valores bajos Menores de 10 - 12 ppm (deficiente), Valores medios Entre 12 y 20 ppm, Valores altos Superiores a 20 ppm.

Índice MO/(limo + arcilla): A pesar de lo mucho que se ha estudiado el impacto de la MO sobre la productividad de los suelos no se han podido establecer puntos críticos a partir de los cuales se verían afectados los cultivos y pocos trabajos describen relaciones entre la cantidad de MO de los suelos y los rendimientos. En los últimos años se ha reemplazado el valor de MO para evaluar la productividad de los cultivos, por indicadores de la calidad de los suelos, como por ejemplo: MO en relación a la textura. Estudios recientes están mostrando que la relación entre la MO y la textura es un buen indicador de la calidad de los suelos. Este índice aparece como un indicador promisorio del rendimiento, Este índice tiene un rango de valores de 2 a 12 aproximadamente, por debajo de 4,5 a 5 son considerados bajos y por arriba altos. Un índice bajo indicaría que el suelo a perdido MO en relación al limo + arcilla que tiene, por lo tanto ese suelo tendría poca MO joven, lábil o fácilmente mineralizable. En contraposición, un suelo con un índice alto tendría un contenido de MO alto en relación al limo + arcilla que posee.

Ciclo el fosforo

El P (fosforo), después del N (Nitrógeno), es el nutriente que más frecuentemente afecta la producción de los cultivos. El P forma parte de enzimas, ácidos nucleídos y proteínas y está involucrado en prácticamente todos los procesos de transferencia de energía. El contenido de P en el suelo está definido por el material madre y, en general, se ha observado un marcado efecto del clima, siendo las zonas más húmedas, las más deficientes en este nutriente. El
P es uno de los nutrientes considerados esenciales para el crecimiento y desarrollo de las plantas. Junto con el N y el potasio (K) conforman el grupo de macro nutrientes por las cantidades requeridas por los cultivos y por la frecuencia con que se encuentran en cantidades deficientes para los cultivos. El P integra todas las cadenas alimenticias pasando de un organismo a otro. El hombre adquiere el P de las plantas, las que directa o indirectamente a través de los alimentos de origen animal, provee los alimentos que ingerimos. Las plantas
a su vez, lo toman de la solución del suelo. Normalmente esta solución del suelo es demasiado pobre para sostener un cultivo y debe ser realimentada continuamente de las formas más insolubles de P del suelo, a medida que los cultivos extraen. La mayor parte de los suelos agrícolas son demasiado pobres como para sostener este proceso y precisan de la fertilización.

El fosfato es un componente vital de todos los seres vivos. En el cuerpo humano el P es el segundo nutriente mineral más abundante. Un 80% del P en los humanos es retenido en huesos y dientes, alcanzando un 20% del total de la composición del cuerpo. El resto es ampliamente distribuido en grasas, proteínas, azúcares, enzimas y sales asociados a cada célula de nuestro cuerpo. En las plantas el P es necesario para la respiración, fotosíntesis, funcionamiento celular y en la transferencia y reproducción de genes.

El P se absorbe principalmente por las raíces desde la solución del suelo como iones orto fosfato (H2PO4 y en menor medida como HPO4). Las plantas en crecimiento no almacenan iones fosfatos, exigiendo una abundante provisión desde el suelo. Por supuesto las plantas que no obtienen de manera suficiente el P necesario, sufren importantes retardos en su crecimiento. Los síntomas más típicos son la coloración verde oscura-azulada, disminución de la tasa de formación de frutos y semillas, y un retraso en la maduración y finalización del ciclo. Los cultivos de alta producción demandan una gran cantidad de P, un factor clave para lograr alto rendimientos es mantener a toda la planta bien nutrida de P. La producción sustentable de cultivos requiere programas de fertilización fosforada que sean capaces al menos de responder las cantidades extraídas de los campos.

El P total del suelo, sólo las fracciones solubles y lábiles (inorgánicas y orgánicas), están disponible para las plantas durante el ciclo del cultivo. Una pequeña parte de P está en forma soluble, la cual está en equilibrio con la fracción lábil que comprende el P orgánico fácilmente mineralizable y los fosfatos débilmente adsorbidos a las arcillas coloidales. La mayor parte del P del suelo está en formas insolubles o fijadas, principalmente como minerales primarios fosfatados, humus, fosfatos insolubles de calcio (Ca), hierro (Fe) y aluminio (Al), y fosfatos fijados por los óxidos y minerales silicatados.

Casi todo el P en los suelos está como fosfato, el fosfato inorgánico está ligado al calcio en suelos jóvenes y al Fe en suelos más viejos, estas uniones elementales son al largo plazo importantes para los cultivos porque tienen diferentes solubilidades y disponibilidades de compuestos de P, en el corto plazo, la absorción del P puede predominar sobre la precipitación que controlan la solubilidad.

La respuesta de los cultivos a la fertilización fosfatada depende del nivel de P disponible en suelo pero también es afectada por factores del suelo, del cultivo y del manejo del fertilizante. Entre los factores del suelo, se destacan la textura, la temperatura, el contenido de materia orgánica (MO) y el pH; mientras que entre los del cultivo deben mencionarse los requerimientos y el nivel de rendimiento.

Cuando aplicamos fertilizante fosfatados este se difunde en el suelo y si no es absorbido por las raíces de las plantas, será absorbido por las partículas del suelo o precipitará de manera que su disponibilidad se reducirá en el tiempo. La cantidad de P total en los suelos es muy superior a lo que necesitan los cultivos, pero la baja solubilidad de P y los sitios de absorción que compiten por P con las plantas generan una baja disponibilidad. Cuando los suelos son cultivados esta baja disponibilidad se traduce en una deficiencia de P que tendrá que ser compensada con una fertilización. El resto de P no aprovechado por el cultivo, que se aplica como fertilizante contribuye a aumentar la reserva del suelo, pero son de lenta residualidad. Esta última disminuye progresivamente en el tiempo. La aplicación de P en un cultivo no es absorbida totalmente ni desaprovechado para otros cultivos siguientes. Cuanto mayor es la dosis aplicada, más P queda disponible para la rotación siguiente. En nutrientes como el P de poca movilidad en la solución del suelo, se pueden aprovechar los efectos residuales en los cultivos posteriores de una secuencia existiendo evidencias que muestran que estos efectos residuales pueden observarse más allá del cultivo siguiente.

La concentración de P en la solución del suelo es muy baja (1 al 10 % del P total), por lo tanto el P absorbido por las raíces debe ser continuamente reabastecido. La cantidad de P en la solución del suelo es generalmente 100 veces menor que la cantidad disponible oscilando entre 0.1 y 0.6 kg ha- para la capa arable. La concentración de la solución del suelo es mantenida por la disolución química, pero también por procesos biológicos que liberan P de la MO. El P orgánico en la región tropical comprende entre un 40 y 70% del P total del suelo, es originado a partir de los residuos de las plantas, animales y microbios. Gran parte de los residuos contienen P rápidamente disponible y lixiviable. De un 60 a 90% del P absorbido por una pastura es reciclado al suelo por las plantas y animales, pero esta proporción de reciclaje de nutrientes es mucho menor en suelos bajo cultivo de cosecha.

La mineralización del P orgánico proveniente de la MO representa una contribución significativa para las necesidades de P para la plantas. La mineralización y disponibilidad del P orgánico depende de la descomposición de la MO. Cualquier reducción en el aporte de MO y una aceleración de la mineralización en un suelo resulta en una mineralización neta de la MO del suelo. A medida que los residuos se descomponen para formar MO y liberar algunos de los nutrientes asociados, el P es liberado en cantidades mayores que aquellas determinadas por las transformaciones inorgánicas de P. Entonces la degradación de la MO controla la liberación de P orgánico, pero una vez liberado, los sitios de absorción y las reacciones químicas compiten por la disponibilidad del P liberado de manera que la mineralización de P por sí sola no es una medida del abastecimiento de P para las plantas y gran parte del P mineralizado rápidamente queda no disponible. Si el flujo o reabastecimiento se interrumpe el rendimiento del cultivo no será el máximo. La temperatura, el pH la actividad microbiana, tipo de arcillas que determinarán la cantidad de P en la solución y la tasa de reposición.

La concentración de un nutriente en la solución del suelo representa la Intensidad del mismo, en este caso los fosfatos en solución. La cantidad del elemento que está en la fase sólida, en equilibrio con la solución, es el factor Cantidad. La relación dinámica entre la cantidad y la intensidad es conocida como Capacidad buffer o amortiguadora. Esta es una propiedad que posee un suelo para resistir los cambios en la concentración de P en solución

Fosforados sólidos más comunes

Fosfato di amónico (FDA): 18 % de N y 46 % de P2O5 (20 % de P)
Fosfato mono amónico (MAP): 11 % de N y 51 % de P2O5 (23 % de P)
Superfosfato triple (SFT): 46 % de P2O5 (20 % de P)
Superfosfato simple (SPS): 21 % de P2O5 (9 % de P)
y 12 % de S

Momentos de aplicación de fosforo

A la siembra o pre siembra: Puede ser al voleo o en la línea de siembra. Actualmente también se está usando fertilizantes fosforados al voleo en forma anticipada a la siembra (30, 60 días antes de la siembra).

Estrategias de fertilización fosfóricas

Recomendaciones de fertilización fosforada

No obstante tener áreas con niveles bajos de P, muchos años de ensayos con todos los cultivos que se realizan en la región en general, no se ha encontrado respuesta a P solo. Sin embargo hay una marcada respuesta a la fertilización combinada NP. Se han desarrollado métodos de diagnóstico para la fertilización nitrogenada en distintos cultivos pero no hay un método para la fertilización combinada NP. En ensayos se han observado respuesta a NP en suelos con niveles P superiores a 20 mg kg-1.

Una recomendación generalizada de fertilizar a la siembra dependiendo de los niveles de N orgánico o N de nitratos agregar más N o en algún momento del año con niveles de P en el suelo por debajo de 15 mg kg- Se pone mucho énfasis a los niveles de N, en muchos casos, se recomienda aumentar la dosis de N (llevarla a 50 a 80 kg de N ha-1) usando además urea, a la siembra o postergada según el cultivo. En general, la decisión de fertilizar con este elemento por debajo de 15 mg kg-1 de P extractable en el suelo puede pasar más por la intención de mantener un buen nivel de P. La dosis de P depende también de la forma de aplicación, en línea incorporada, al voleo y voleo incorporada. Por consiguiente, se recomienda aumentar la dosis cuando la aplicación es al voleo y no se incorpora. Por otro lado, el umbral crítico de un nutriente en el suelo es el valor de disponibilidad que separa el nivel de deficiencia del de suficiencia.

Ciclo del nitrógeno

El nitrógeno es uno de los elementos más ampliamente distribuidos en la naturaleza. El principal reservorio de nitrógeno es la atmósfera. En el suelo se encuentra bajo tres formas.
1. Nitratos: es una forma de nitrógeno asimilable o disponible por las raíces de las plantas.
2. Amoniacal: es una forma de nitrógeno de transición y no abunda en el suelo.
3. Orgánicas: se encuentra en la materia orgánica y es la única fuente permanente o reserva de nitrógeno en el suelo.

Por sus funciones en la fisiología de las plantas, es un elemento esencial para el crecimiento y desarrollo de los cultivos. Los altos requerimientos de nitrógeno de las plantas lo convierten en un factor limitante en todos los suelos del mundo. Al avance de la agricultura y los procesos de degradación, originados por el excesivo laboreo del suelo acentúan esta deficiencia dado que los primeros centímetros son los más fértiles. En la dinámica de este nutriente en el suelo el nitrógeno orgánico y los nitratos son las formas más importantes a tener en cuenta en la productividad de los cultivos. Los contenidos de nitrógeno para los niveles más bajos son de 4000 kg ha-1 mientras que para niveles altos son de 12000 kg ha-1 para todo el perfil del suelo. Con altos niveles de nitrógeno orgánico habrá mayores posibilidades de liberar nitratos en el suelo. Los bajos niveles de fertilidad nitrogenada podrían corregirse con fertilizantes (urea etc.,) e implantación de leguminosas

Perdidas de nitrógeno:

Desnitrificación: Es despreciable en los suelos cuando su humedad está por debajo del 60 % de la capacidad de retención hídrica. En Molisoles se ha observado que el proceso es de escasa magnitud con contenidos de agua inferiores al 30 % acelerándose exponencialmente al aumentar humedad

La información existente es escasa para determinar factores de corrección de dosis de fertilizante. Sería adecuado por el momento considerar las pérdidas por desnitrificación como nulas bajo labranza convencional y de alrededor del 5 % en siembra directa (SD).

Volatilización: Revisiones bibliográficas indican que la volatilización en suelos agrícolas bien drenados es pequeña cuando se aplican fertilizantes en forma de nitratos. Es muy escasa la información sobre volatilización en suelos tropicales, cuando los fertilizantes son incorporados, las pérdidas por volatilización son bajas y están en el orden de magnitud de los aportes de nitrógeno por las lluvias. Cuando los fertilizantes no son incorporados la volatilización podría representar de un 5 a 30 % del nitrógeno agregado.

Lixiviación: La concentración de nitratos en el suelo decrece con la profundidad, por lo tanto es un fenómeno general en la región tropical encontrar mayor concentración cerca de la superficie del suelo. Por otro lado, se ha establecido para los distintos cultivos que pueden absorber agua de 0.80 m hasta 2 m de profundidad (suelos arcillosos a arenosos) durante la floración, momento de máxima biomasa y profundidad de raíces. En general, las mayores pérdidas por lixiviación de nitratos podrían ocurrir con altas fertilizaciones y precipitaciones y bajo consumos de los cultivos (estados iníciales).
Tipos y fuentes de fertilizantes nitrogenados

Fertilizantes

Los fertilizantes se pueden clasificar en:

Simples: aquellos que suministran un único nutriente principal, por ejemplo Urea y Superfosfato triple.

Binarios: aquellos que suministran dos nutrientes, por ejemplo sulfato de amonio, fosfato di amónico.

Compuestos o multinutrientes: suministran varios nutrientes. Pueden ser gránulos mezclados químicamente mezclados por compactación o simple mezclas físicas.

Nitrogenados

Amoníaco anhidro: cambia de líquido a gas cuando se pone en contacto con el suelo, 82 % de N
Nitrato de amonio calcáreo (CAN): 27 % de N

UAN: líquido y varia de 30 a 32 % N

Urea: 46 % de N

Fosforados

Fosfato di amónico: 18 % de N y 46 % de P2O5 (20 % de P)

Fosfato mono amónico: 11 % de N y 51 % de P2O5 (23 % de P)

Superfosfato triple: 46 % de P2O5 (20 % de P)

Superfosfato simple: 21 % de P2O5 (9 % de P) y 12 % de S

Potásicos

Cloruro de potasio: 60 % de K2O (50 % de K)

Sulfato de potasio y magnesio (Sulpomag): 22 % de

K2O (18 % de K), 22 % de S y 11 de Mg

Azufrados

Sulfato de amonio: 24 % de S y 21 de N

Sulfonitrato de amonio: 12 % de S y 26 de N

Momentos de aplicación de nitrógeno

A la siembra o pre siembra: Puede ser al voleo o en la línea de siembra.

Postergado: al macollaje en invierno y 2-4 pares de hojas en maíz. En general se usan fertilizantes nitrogenados y se aplica al voleo. Aunque hay años y/o lotes que favorecen las aplicaciones de fertilizante a la siembra y otros al macollaje o en ambos momentos, la respuesta productiva, en promedio suele ser similar.

Existen factores agronómicos y operativos que pueden justificar técnicamente cada alternativa (siembra y macollaje), sin excluir el fraccionamiento. Por ejemplo al macollaje se pueden observar síntomas visuales del cultivo y reservas hídricas que permitan modificar dosis o tomar la decisión de fertilizar o no, mientras que con alta deficiencia inicial de N en el suelo y alta reserva de agua, lavado de N disponible y aplicación de P (mayor interacción) es conveniente fertilizar a la siembra.

Fraccionado: Una parte a la siembra y la otra postergada (macollaje o 2-4 pares de hojas según el cultivo). Es común en casos donde se realiza una fertilización con N + P a la siembra y luego con condiciones favorables de clima se completa la dosis de N en forma postergada.

Fertilizantes minerales y orgánicos

Cuando el hombre dejó de ser nómade para hacerse sedentario y convertirse en agricultor, se perdió el equilibrio existente en la naturaleza, entre el consumo de nutrientes que necesitan los vegetales para su desarrollo y su reposición
al suelo. A partir de ese momento, el hombre debió pensar cómo devolver al suelo los elementos que se habían extraído del mismo y transformados en carne, leche, grano o fibra cosechados. F r e n t e a esta pérdida de fertilidad se buscó restituir parte de lo extraído, incorporando a la tierra estiércol, desechos de cosecha (rastrojos) o residuos orgánicos. Posteriormente, se probó con abonos verdes, utilizando diversos cultivos que, cuando alcanzan el máximo desarrollo (biomasa), son incorporados en la "capa arable" para enriquecerla de materia orgánica que luego se convertirá en humus.
Cuando se demostró, que la planta necesita sustancias minerales para sintetizar sus principios nutritivos (fotosíntesis), se pensó en el empleo de los fertilizantes minerales.
Se experimentó entonces con diversas sales de nitrógeno, fósforo, calcio, magnesio, potasio y algunos microelementos como cobre, molibdeno, zinc, cobalto, hierro, manganeso y boro, en diferentes dosis, épocas de aplicación y formas de distribución e incorporación al suelo. Al cabo de algunos años se comprobó, que los rendimientos de grano, leche o carne, podían tener importantes incrementos con el agregado de elementos faltantes, por ello los productores comenzaron a adoptar las prácticas de fertilizar sus cultivos y praderas.

Existen en el mercado de los agroquímicos una variedad de fertilizantes y abonos que pueden llegar a cubrir las deficiencias que se presentan en los suelos con aptitud agrícola, ganadera, mixta o forestal, así como la producción intensiva de frutas, hortalizas, flores, etc.

Los fertilizantes minerales se clasifican por su composición química en:
1.- Nitrogenados: Son indispensables para el crecimiento vegetal. El nitrógeno es un componente de todos los tejidos, y se encuentra además, en la clorofila y en los meristemos de crecimiento.
2.- Fosfatados: La acción del fósforo en la planta es múltiple. Se encuentra en el núcleo de las células y es responsable de los procesos reproductivos. Además, actúa en el crecimiento de las raíces y le confiere a los vegetales resistencia a las heladas y enfermedades.
3.- Potásicos: El potasio interviene en la función de la clorofila, favoreciendo la síntesis de los azúcares y su migración a las áreas de reserva de la planta.
4.- Elementos menores: Son necesarios y actúan en el metabolismo de las plantas en pequeñas cantidades, enzimas u hormonas vegetales.
5.- Calcio, azufre, magnesio y sodio: Estos elementos se conocen como secundarios y son de suma importancia en el crecimiento y desarrollo vegetal, su deficiencia puede ocasionar

Los fertilizantes orgánicos Son los abonos provenientes de los organismos vivos. Se caracterizan por ser enriquecedores de nitrógeno, además de actuar beneficiosamente en la física del suelo (humus), favoreciendo la estructuración del mismo. Los abonos orgánicos o productos derivados de la actividad biológica, se dividen en:
1.- Animal: Estiércol (de vacunos, caballos, aves, cabras, etc.), subproductos de frigoríficos, harina de hueso, sangre desecada.
2.- Vegetal: Residuos vegetales, abonos verdes, subproductos de la industria, compost y desechos vegetales tratados con lombrices (californianas).
3.- Biológicos: Son varios y se aplican con Rhizobios a las semillas de leguminosas para la fijación de nitrógeno.
4.- Mixtos: Residuos domiciliarios tratados, mezclas de los anteriores

Agua y Agricultura

Existe una demanda constante y creciente de alimentos, tanto en cantidad como en calidad, para una población que crece progresivamente; al mismo tiempo se reconoce que el agua es la principal limitante de esta producción. Por lo tanto, el desafío es hacer un uso lo más eficiente y racional posible del recurso agua, así como conservar nuestros recursos naturales para garantizar la seguridad alimentaria local, regional y mundial. La capacidad de un suelo para retener o almacenar agua va a depender del tamaño de sus partículas (textura), la forma en que se agrupan (estructura) y el contenido de materia orgánica. Los suelos arenosos retienen cantidades de agua relativamente bajas, porque los espacios porosos son grandes y dejan que el agua drene con facilidad. Contrariamente, están los suelos arcillosos, cuyos poros son de menor tamaño y dificultan la libre circulación del agua y su infiltración hacia las capas más profundas.

Si se protege la superficie del suelo con restos vegetales o el propio cultivo, se disminuyen los efectos del impacto de las gotas de lluvia y el viento en su faz destructiva. Esto permite además, aumentar el aprovechamiento del agua, en beneficio del desarrollo y producción de los cultivos. El buen manejo de los suelos y su cobertura, mediante rotación de cultivos, barbechos previos a las siembras y la reducción de labranzas o uso de siembra directa, le permite al productor mantenerlo en buenas condiciones físicas, químicas y biológicas para satisfacer la demanda de aire, agua y nutrientes, de los diferentes cultivos El cumplimiento de estas premisas, permite, un aumento de la producción, estabilidad de los rendimientos y una producción agropecuaria con crecimiento sostenido.

Para obtener una buena cosecha, es muy importante la cantidad de agua que queda almacenada en el suelo a disposición de las plantas, como la cantidad de lluvia caída en la estación de crecimiento. En un sistema de producción agrícola intervienen varios factores del suelo, de la atmósfera y de la planta, que interactúan entre sí en forma directa e indirecta sobre los cultivos (nutrientes, energía, agua, seres vivos). En muchas áreas agrícolas del país, el déficit de agua no radica solamente en la escasez de las precipitaciones sino, además, en el insuficiente almacenaje de agua en el suelo, debido a alguna forma no adecuada de manejo de la infiltración y el escurrimiento.

Un 1mm de agua de lluvia equivale a 1 litro por m2, la lluvia caída en una hectárea equivaldrá a 10.000 litros de agua. Aplicando algunas prácticas conocidas del manejo de los cultivos y técnicas de conservación del suelo y el agua, se puede aumentar la cantidad de lluvia infiltrada y almacenada en el suelo y mejorar tanto el uso del agua como la conservación del suelo, además de lograr una mayor producción, tanto en cantidad como en calidad.
Una manera muy práctica y efectiva de mejorar el aprovechamiento de las lluvias, es protegiendo la superficie del suelo con los residuos vegetales de la cosecha anterior (rastrojo), sobre todo, de aquellos cultivos que dejan grandes volúmenes de materia orgánica como el maíz. Estos residuos, protegen la superficie de la tierra, debido a que absorben la energía erosiva de las gotas de lluvia, no se destruyen los terrones y estructura del suelo, por lo tanto se limita o anula la formación de costras que dificultan la infiltración del agua y la entrada de aire al suelo. Estas prácticas deben ser complementadas o integradas con labranzas conservacionistas, entre las que se destaca la siembra directa, porque se basan en un mínimo número de labores y el uso de herramientas específicas y la protección del suelo con cobertura vegetal. Estas técnicas de manejo del suelo, juntamente con otras de manejo de cultivos (adecuada fecha de siembra, densidad de plantas, selección de variedades y rotaciones, fertilización, manejo integrado de plagas), deben ser consideradas y puestas en práctica para optimizar el uso del agua en un marco de producción sostenible y sustentable.

Materia Orgánica

La calidad del suelo es uno de los factores más importantes en el sostenimiento global de la biosfera y en el desarrollo de prácticas agrícolas sustentables. Los estudios parecen orientarse decididamente a identificar, en distintas regiones del mundo, indicadores confiables y sensibles que permitan estimar el estado actual y las tendencias en la calidad de suelos como paso fundamental para definir sistemas de producción sustentables.

Un buen suelo es un sistema vivo donde habitan macro organismos (insectos, lombrices) y microorganismos (algas, hongos y bacterias), íntimamente asociados a la fracción orgánica del suelo, que representa para la mayoría de ellos una fuente de alimentos (energía y nutrientes). La cantidad, el tipo y la actividad desarrollada por estos organismos, está relacionada con el material alimentario disponible o, en otras palabras, con el contenido y calidad de la materia orgánica del suelo y especies vegetales que crecen en él. También inciden la textura del suelo, el pH (acidez) y las condiciones de temperatura, humedad y aireación. En algunos suelos, si bien ciertos organismos pueden actuar como parásitos de plantas o de animales, la gran mayoría tiene funciones benéficas que son sumamente importantes para el suelo, las plantas y la vida en general. Los microorganismos que actúan en la descomposición de la materia orgánica, liberan nutrientes necesarios para la vida de las plantas. Por otra parte, algunas sustancias tóxicas producidas por la aplicación de pesticidas, son parcialmente destruidas o utilizadas por los organismos como fuentes de energía, reduciéndose así la contaminación del ambiente y los cultivos que en él se desarrollen. Gracias a la actividad de estos organismos, que segregan ciertas sustancias, se mejora la agregación de partículas o estructura del suelo y con ello la capacidad de producción del mismo, porque con una buena estructura se mejora la salud del suelo y con ello la producción.

La MO de los suelos, en sentido amplio, está constituida por todas las sustancias carbonadas orgánicas del mismo. Es un continuo desde materiales vegetales frescos sin descomponer, como una hoja, hasta cadenas carbonadas muy transformadas y estables como los ácidos húmicos. En forma simplificada se la puede considerar compuesta por dos componentes: los residuos vegetales y la MO humificada o humus. Los residuos vegetales de las plantas herbáceas tienen en promedio un 40 % de carbono en su composición, mientras que la MO humificada tiene en promedio un 58 % de carbono. Este porcentaje es bastante estable por lo que comúnmente es indistinto hablar de materia orgánica humificada o carbono del humus. Del total de compuestos orgánicos de un suelo, los residuos representan generalmente entre 5 y 15 % siendo el humus la casi totalidad de la MO. A su vez, mientras la cantidad de residuos cambia rápidamente en períodos de semanas o meses, el contenido de humus lo hace lentamente, en períodos de años, décadas o siglos

Si bien los indicadores físicos, químicos y biológicos no determinan independientemente la calidad del suelo, la mayoría de los estudios coinciden en que la materia orgánica (MO) es el principal indicador e indudablemente el que posee una influencia más significativa sobre la calidad del suelo y su productividad. Por otro lado, la materia orgánica tiene un fuerte poder cementante o de agregación entre las partículas primarias –arcilla, limo y arena–, permitiendo una buena estructura. Un suelo bien estructurado ofrece condiciones óptimas para el desarrollo de raíces, posibilitando un buen drenaje y aireación, y además buena capacidad de retención hídrica para ser fácilmente utilizada por las plantas. Un suelo bien estructurado tiene mayor resistencia a la erosión hídrica y/o eólica.

La disminución de la materia orgánica provoca la separación de las partículas, reducción del espacio poroso y una mayor compactación, es decir, que la pérdida de materia orgánica reduce las buenas condiciones para la óptima existencia de vida en el suelo. Con la pérdida de materia orgánica se pierde calidad y salud del suelo. En un suelo poco trabajado, las partículas se encuentran unidas con más fuerza y mejor agregadas o estructuradas, que las partículas de un suelo que ha sido muy trabajado. Ello está relacionado con la mayor cantidad de materia orgánica que se halla presente en el suelo virgen o poco trabajado, porque la labranza oxida y favorece su destrucción.

El pH

El pH es una de las mediciones químicas más importante que se puede hacer en un suelo. A pesar de su simplicidad, no sólo indica si el mismo es ácido, neutro o alcalino, sino que aporta información básica para conocer su potencial agrícola, estimar la disponibilidad de nutrientes esenciales y la toxicidad de otros elementos. Permite predecir los cationes dominantes en los coloides del suelo y está involucrado en la retención de plaguicidas, factor importante al momento de evaluar contaminación de suelos y aguas y/o persistencia. La medida se extiende en una escala de 1 a 14, un pH inferior a 7 es ácido y superior a 7 es alcalino. En sistemas naturales los valores de pH se hallan generalmente en un intervalo de 4,5 a 10.

El uso de fertilizantes, los cuales pueden dejar residuos ácidos o alcalinos de acuerdo al carácter ácido o básico débil de los iones constituyentes del mismo, o a su posibilidad de experimentar reacciones de óxido reducción. Mientras que también existen fertilizantes que no influyen en el pH del suelo.

Urea. Libera amoníaco y dióxido de carbono e inicialmente se observa un incremento en el pH del suelo por hidrólisis del amoníaco. Sin embargo esta variación del pH es temporaria, y el suelo vuelve a su valor inicial luego de que el amonio producido es oxidado a NO3 -, y se disocia el ácido carbónico

Superfosfato triple es un fertilizante de reacción ácida, debido a la presencia del anión H 2PO4

Fosfato di amónico es un fertilizante constituido por dos iones de carácter débil, por lo que la reacción final en el suelo resulta del equilibrio de disociación e hidrólisis entre ambos compuestos.

Azufre elemental es un elemento que puede oxidarse en presencia de bacterias específicas. Durante dicha reacción de oxidación se liberan H + que disminuyen el pH del suelo.

La extracción de bases por los cultivos, generalmente es mayor que el aporte de fertilización, lo que lleva a una acidificación del suelo. El uso de fertilizantes, los cuales pueden dejar residuos ácidos o alcalinos de acuerdo al carácter ácido o básico débil de los iones constituyentes del mismo, o a su posibilidad de experimentar reacciones de óxido reducción. Mientras que también existen fertilizantes que no influyen en el pH del suelo

El pH influye en las propiedades físicas y químicas del suelo. Las propiedades físicas resultan más estables a pH neutro. A pH muy ácido hay una intensa alteración de minerales y la estructura se vuelve inestable. A pH alcalino, las arcillas se dispersan, se destruye la estructura y existen malas condiciones desde el punto de vista físico. La asimilación de nutrientes del suelo es afectada por el pH, ya que determinados nutrientes no se encuentran disponibles para las plantas en determinadas condiciones de pH. La mayor disponibilidad de nutrientes se da a pH entre 6-7,5 pero esto depende de cada cultivo. Cada planta adquiere mayor vigor y productividad dentro de ciertos intervalos pH. Esto no implica que el cultivo no pueda vivir fuera del intervalo indicado dado que el mismo presenta cierta capacidad de adaptación